miércoles, 22 de julio de 2020

- Maria Magdalena, la apóstola

¡Esta María Magdalena me encanta! Una mujer evangelizadora. Acaso por este motivo dos evangelistas, hacia los años 50’s o 60’s, cuando el cristianismo se ha difundido y se recogen las narraciones “oficiales” de la vida y obra de Jesús de Nazaret, la mencionan 12 veces con tanto cariño, con tanta insistencia… La mujer más mencionada en los evangelios. ¿Acaso de veras fue una evangelizadora conocida en todos los rincones del mundo apenas cristianizado cuando se cuajaron las versiones de los cuatro evangelios?
En medio de la pandemia y de mil vicisitudes, llegamos al 22 de julio en que se celebra en todo el mundo la Fiesta de Santa María Magdalena.
No deja de impresionarnos lo mucho que la gente sencilla aman a María Magdalena. Y aunque hay muchas ideas extrañas sobre ella, a todos nos cautiva esta mujer, cuyo exordio en el evangelio no dejará nunca de inquietarnos: “aquella de la que Jesús expulsó siete demonios”. Con esta mención del evangelio de Lucas (8, 3), y más tarde en los evangelios de la Resurrección –Marcos (16, 9)– se nos abre un haz de luz inmenso: sea cual haya sido la causa, el hecho o las consecuencias de esta presencia de los siete demonios en la vida de María Magdalena, Jesús la liberó.
Algunos interpretan esto en sentido negativo, denigratorio. Yo creo lo contrario. Si en la vida de María Magdalena está esta “cicatriz”, nos hace ver dos grandes milagros: el primero es que Jesús apareció un día en su vida y la sanó, la liberó y le devolvió su dignidad; el segundo es que ella puso de su parte. Bien decía San Agustín: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Es decir, Dios pide, busca y hasta ha querido necesitar nuestra anuencia y colaboración para realizar su obra en nuestra vida. Y así vemos el paso en esta mujer inmersa en la acción del demonio, a una mujer santa y una grande evangelizadora.

Así que esa “cicatriz” en la vida de María Magdalena, nos habla de un mérito suyo enorme, así como de una grande misericordia de Jesús. Bien venga esta óptica de María Magdalena en la línea de la gran tradición de la Iglesia, que la venera como santa, que acepta su pasado sea cual sea, y que se compromete con su ejemplo de discípula, seguidora fiel y primera testigo de la resurrección de Jesucristo, hasta el punto de haber sido llamada justamente la “Apóstol de los Apóstoles”.
Pidámosle a María Magdalena su intercesión en este momento de nuestra historia agitada y sufriente. Ella que sabe de la resurrección, ella que sabe de la dignidad de la mujer restablecida y honrada, ella que conoció la intimidad pura y santa con Jesucristo, con los apóstoles y con los demás seguidores de Jesús, que interceda por nosotros y nos acerque al divino y luminoso misterio que se llama Jesús.
    P. Juan Solana. Director del Magdala Center en Israel.
Consuelo Vélez: "María Magdalena fue apóstol igual que los apóstoles"
…”Más aún, es cuestión de justicia, porque no es un capricho, un intento de introducir en la iglesia los avances sociales respecto a los derechos de las mujeres, sino una característica esencial del movimiento de Jesús: la inclusión de mujeres y varones en condiciones de igualdad…”
El año pasado comentando en clase que el Papa Francisco había elevado la memoria de María Magdalena a la solemnidad de “Fiesta” porque ella fue Apóstola (así la llamó Santo Tomás) igual que los demás apóstoles; una estudiante, muy emocionada por conocer la verdadera historia de María Magdalena, dijo que lo iba a contar en su comunidad para que al otro día celebraran esa fiesta con la solemnidad que merecía. A la siguiente clase le pregunté cómo le había ido con la celebración y me dijo, con gran pesar, que en su comunidad no habían estado de acuerdo porque, a fin de cuentas, ella había sido una pecadora arrepentida y no podía estar a la altura de los apóstoles. De nada sirvió que la religiosa les explicará la comprensión actual sobre su figura; fue más fuerte la tradición recibida y sus hermanas religiosas no estaban dispuestas a cambiarla.
      Magdala, las excavaciones de la ciudad de María Magdalena
Y no es de extrañar porque durante siglos se invisibilizó su papel y su protagonismo en el cristianismo de los orígenes y se divulgó una imagen que no tenía nada que ver con la realidad. Se le confundió con la pecadora pública que entró a casa de Simón y ungió los pies de Jesús y con María la hermana de Marta y Lázaro. El arte cristiano, la liturgia y la predicación se han encargado de mantener esa imagen de María Magdalena y han dejado en la sombra el hecho de haber sido la primera testiga de la resurrección y a quien primero se le confió anunciar esa Buena Noticia. Es decir, fue ella la primera evangelizadora y la que anunció a los otros apóstoles que Jesús había resucitado.




Magdala, Descubierta la sinagoga del siglo I, del tiempo de Jesús
El secretario de la Congregación para el culto divino, explicando el sentido del decreto cuando fue publicado en 2016, dijo que la iglesia estaba llamada a reflexionar profundamente sobre la dignidad de la mujer y por eso consideraba que el ejemplo de Santa María Magdalena debía ser presentado a los fieles de un modo más adecuado. Más aún, que era justo que la celebración litúrgica tuviera el mismo grado de festividad que se daba a la celebración de los apóstoles en el calendario romano general y que se resaltara la misión especial de María Magdalena, como ejemplo y modelo para todas las mujeres de la Iglesia.
Detalle de la "Piedra de la Sinagoga de Magdala"
En verdad, es urgente que se presente a los fieles no solo “de un modo más adecuado” sino de la manera como siempre debió ser -y que lo confirman los datos de la hermenéutica actual-, el papel de las mujeres en el cristianismo primitivo y, por ende, el lugar que hoy deberían ocupar en la iglesia. Más aún, es cuestión de justicia, como lo dijo el arzobispo, porque no es un capricho, un intento de introducir en la iglesia los avances sociales respecto a los derechos de las mujeres, sino una característica esencial del movimiento de Jesús: la inclusión de mujeres y varones en condiciones de igualdad.

La piedra de la Sinagoga de Magdala.(decoración del Templo de Jerusalén)
Los estudios actuales han avanzado mucho en comprender cómo se fue quitando el protagonismo a las mujeres -bien por acomodarse a la sociedad de entonces y evitar problemas, bien por cuestiones de poder que siempre han estado presentes-, pero la dificultad es que los resultados de esos estudios entren en la conciencia cristiana y se renueve nuestra manera de ser iglesia. Los clérigos podrían estar mucho más actualizados porque la bibliografía es abundante y eso ayudaría a que el laicado recibiera una predicación más viva, más profética, más empeñada en recuperar los orígenes cristianos para sacudir el lastre del tiempo y mantener la vitalidad de los orígenes. También el laicado -que ahora ya tiene más acceso a estudios teológicos- podría apropiarse más de esta riqueza que aporta la teología actual, frente a tantas realidades eclesiales y así promover los cambios que se precisan. Pero siempre hay que preguntarse qué teología se enseña porque abundan los centros de estudios teológicos o catequísticos que parece no han sido permeados por el Vaticano II y solo eso explica que todavía tanto pueblo de Dios -clérigos y laicos- se escandalicen por los comentarios que se hacen y que ya son patrimonio de la teología actual.
Esperemos que este 22 de julio, la solemnidad de María Magdalena sea ocasión para afirmar y reconocer su participación y protagonismo en el movimiento de Jesús. Ella que acompañó a Jesús “desde Galilea hasta Jerusalén” (Mc 15, 40-41) y fue apóstol igual que los apóstoles, nos convoca a todos pero, principalmente a las mujeres, a un apostolado activo”sin miedo a que nuestra palabra sea vista con recelo, como fue la de ella y la de las otras mujeres que la acompañaban (Juana y María la de Santiago) cuando anunciaron a los apóstoles y a todos los demás que Jesús había resucitado. Según dice el evangelista, a los que las escuchaban “todas esas palabras les parecían como desatinos y no les creían” (Lc 24,11).

Unos de los Mikvé, o baños de purificación judios encontrados en Magdala.
Seguir mirando a la iglesia de los orígenes para estar más a tono con ella, es prueba de fidelidad al querer de Jesús y de docilidad al Espíritu que no deja de “soplar donde quiere y como quiere” (Jn 3,8) para que a la iglesia entren esos aires nuevos que tanto se necesitan para que mantenga su significatividad en estos tiempos que vivimos.
*Consuelo Vélez
-EL MAR
Katteline Nicols  (colaboradora del Magdala Center) escribe:
La ruta mañanera que seguimos desde la casa donde vive la comunidad hasta Magdala, va bordeando la costa occidental del Mar de Galilea. Mis ojos nunca se cansan de observar sus aguas.
Las pequeñas mareas rosadas y brillantes reflejan el cielo antes del amanecer, que va pasando a ser un manto azul a la espera de ser teñido por el rojo intenso del sol de las primeras horas de la mañana. A medida que el amarillo crece rápidamente en el cielo, el agua se convierte en un espejo plateado liso. 

A lo largo del día, el lago adquiere un sinfín de matices, atrayendo su mirada continuamente hacia él, siendo imposible perderse ni un atisbo de su belleza. Como el camaleón, los tonos del Mar de Galilea van del azul cielo al azul Carolina, del acero al azul independencia, e incluso de un azul verdoso a un turquesa intenso. Al igual que las vetas que se arremolinan en el mármol, las principales corrientes de agua del lago son visibles la mayor parte del día, hasta que los vientos de la tarde bañan su característico azul con capas de espuma blanca. Conforme el día llega a su fin, los Altos del Golán quedan encendidos por la puesta de sol, contrastando con el lago que ahora se encuentra tintado por un color zafiro.
Este juego de colores me recuerda a bienvenida que recibí la primera vez que llegué a Magdala, el Jefe de Seguridad nos saludó amablemente a mí y a las otras mujeres cuando entramos en la casa de huéspedes, con un sonriente rostro bronceado y unos ojos que batallaban entre el azul, el verde y el dorado. Su familia tiene una larga historia con el lago, y sus ojos del color del Mar de Galilea, me desafiaron a llevar la belleza y el poder de este “Quinto Evangelio” (vivir donde Jesús caminó) en mi propia mirada.

De los cientos de miles de personas que visitan el Mar de Galilea cada año, incontables se preguntan qué hace a Jesús tan importante. Mirar hacia el mar generalmente provoca este tipo de reflexión y contemplación serena. Como mujer consagrada, las aguas me hicieron esta pregunta usando las palabras del Cantar de los Cantares:  “¿Qué tiene tu amado más que los otros, tú, la más hermosa de las mujeres?”
(Cantar de los Cantares, 5:9)

Mirando hacia el lago desde nuestra capilla, me encontré buscando la respuesta en la tierra y en las aguas que se encontraban delante de mí:
“Mi amado es apuesto y sonrosado, se distingue entre diez mil.
Su cabeza es un lingote de oro puro,
sus cabellos son ramas de palmera, negros como un cuervo.
Sus ojos son dos palomas junto a una corriente de agua,
que se bañan en leche y se posan sobre un estanque”.

(Cantar de los Cantares 5:10-12)
Jesús es como el amanecer sobre el mar: refrescante y ardiente al mismo tiempo. Su mirada es gentil y amable como la paloma, es relajante en su profundidad, su amplitud y su transparencia, al igual que las aguas del mar.
Mirar hacia el lago desde el agua regala una serenidad especial. Mientras remaba hacia el Primado de Pedro esta semana, me senté a refrescar mis cansados pies en el agua, en una parte particularmente tranquila del lago, justo cuando la luz del sol atravesaba las nubes en el horizonte. Agaché la cabeza para tratar de ver algunos peces y vi mi propio reflejo sorprendentemente claro. 
Nació en mí el mismo deseo que San Juan de la Cruz expresaba en su Cántico espiritual, como una nueva respuesta a la pregunta que le había hecho a las aguas.
“¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!”

(San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual)
A veces pienso en el Mar de Galilea como el ojo humilde de Dios, buscándonos desde este punto más bajo de la Tierra: solo el Mar Muerto es más bajo. Él me busca. Me mira con ojos amorosos. Se encuentra en las profundidades, en mi propio corazón, en el profundo anhelo que tengo de amar y ser amada, siempre y cada vez más plena y completamente. Se halla en la mirada, en la palabra, en el gesto, en la necesidad de todas y cada una de las personas que me rodean… ahí es donde encuentro sus “ojos deseados”.

Quizás María Magdalena se encontró con Jesús mientras miraba el lago, buscando respuestas. Quizás Sus ojos se le parecieron a los colores y matices del Mar de Galilea. Tal vez ella vislumbró Su reflejo en estas aguas y reconoció en Su mirada el cumplimiento de los anhelos que albergaba en su corazón.
“Cuando tú me mirabas,
tu gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me amabas,
… ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste”.
(San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual)
¡Mientras celebramos la Festividad de Santa María Magdalena, permitamos que Jesús nos transforme con la misma gracia y hermosura!
 Katteline Nicols  (colaboradora del Magdala Center



martes, 21 de julio de 2020

- Los baños rituales en la Mikvé

-Los baños rituales judíos (en una Mikve)
La mikve es el espacio donde se realizan los baños de purificación que prescribe el judaísmo. Se trata de un contenedor de agua donde una persona pueda sumergirse completamente. La Mikve no puede estar llena con agua estancada, sino que tiene que ser agua corriente.
Puede ser utilizada tanto por hombres como por mujeres, aunque hoy en día solo las mujeres conservan la obligación de utilizar la Mikve en forma ritual 7 días después de la culminación de cada ciclo menstrual. Algunos hombres acostumbran a utilizar la Mikve solo en la víspera de Yom Kipur, el día del Perdón, mientras que entre los judíos Jasídicos lo hacen a diario.
 La Mikvé de Besalú (1264) en Gerona -España
Vean dos imágenes de estos baños rituales encontrados en España:
1-Mikve de Besalú, (Gerona), siglo XII. Descubierto en 1964, es una sala subterránea de estilo románico. Posee una piscina que se llenaba con agua de un manantial cercano al río Fluviá. La sinagoga está documentada en 1264.
La Mikvé de Úbeda (Jaén)- España. Siglo XIII
2-Mikvé de Úbeda (Jaén). Descubierta en 2010. Está ubicada dentro de una casa, hoy musealizada ("Sinagoga del agua"). Tiene 7 escalones. Probablemente siglo XIII. Gracias a haber estado oculta bajo escombros, su estado de conservación es magnífico.
**Una bañera ritual de 2000 años, conocida como mikve, fue hallada debajo de la sala de estar de una familia en Ein Kerem, Jerusalén, mientras realizaban trabajos de remodelación. La Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA, por sus siglas en inglés) anunció que la mikve labrada en roca (también se puede decir "mikvah") está completamente intacta y mide 3.5 metros por 2.4 metros, y tiene 1.8 metros de profundidad.
Amit Re'em, arqueólogo del Distrito de la IAA en Jerusalén dijo que la bañera había sido cuidadosamente recubierta según las leyes de pureza dispuestas en la Halachá, el órgano colectivo de las leyes religiosas judías que derivan de la Torá escrita y oral.
 "Hay una escalera que lleva al fondo de la piscina y se descubrieron vasos de cerámica que datan de la época del Segundo Templo (primer siglo de la era cristiana), como también rastros del incendio que podría constituir una prueba de la destrucción del 66-70 de la era cristiana," añadió. "Además, se hallaron fragmentos de vasos de barro, los cuales eran comunes durante el periodo del Segundo Templo ya que la piedra no puede contaminarse y permanece pura."
En el judaísmo, la inmersión completa en una mikve se llevaba a cabo para obtener una pureza ritual. Hay varios mandatos bíblicos que estipulan que la inmersión en la bañera ritual debía realizarse luego de cometer actos impuros y antes de entrar al templo. Las mujeres también debían entrar en la mikve después del periodo menstrual o el nacimiento de un hijo antes de volver a las relaciones maritales.
Los baños rituales en Qumrán
Una Mikve es una piscina de agua escalonada que, en la época del Segundo Templo, tenía una función de baño ritual de purificación en donde los hombres ingresaban en estado de "impureza" y luego de la inmersión salían en estado de "pureza".
El origen de esta costumbre se remonta al siglo II aC. en la época de la dinastía hasmonea donde hubo un aumento en la rigurosidad religiosa y en donde también se conoce el fenómeno de las sectas como los fariseos, saduceos y esenios. Cada secta tenía su propia visión acerca de estos baños de purificación.

En la Biblia, prácticamente no se menciona el acto de inmersión en agua con el fin de purificarse. En la Torá (Levítico 15:13) hay un versículo que dice "Cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, contará siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su cuerpo en aguas corrientes, y será limpio", que indica que los hombres debían purificarse en aguas manantiales puras. Sin embargo, no hay ninguna mención en la Biblia acerca de piscinas, baños, albercas o cualquier otro recinto con agua, a excepción del llamado "Kior", es decir, una fuente de bronce que servía de baño ritual para los sacerdotes del Tabernáculo y del Templo de Jerusalén.
La evidencia arqueológica demuestra que en la época del Primer Templo (siglo X a siglo VI antes de nuestra era) no había albercas rituales mientras que éstas comienzan a aparecer en gran cantidad a partir del siglo II aC. en adelante, inclusive hasta la época bizantina (siglos IV–VII de nuestra era).

Una prueba que demuestra el auge de las Mikvaot (plural de Mikve) durante la época del Segundo Templo es la escasa mención de los baños rituales en la Biblia y en contrapartida en la literatura rabínica de fines del siglo I aC. y siglos I a III de nuestra era, vemos descripciones detalladas y complejas sobre cómo debe llevarse a cabo el baño ritual en las mencionadas Mikvaot. Inclusive, uno de los tratados de la Mishná es dedicado pura y exclusivamente a todo el concepto de pureza ritual, lo que demuestra la importancia que se le daba en la época del Segundo Templo.

El acto de inmersión en una Mikve era muy simple y consistía en ingresar desnudo a una alberca con agua proveniente de fuentes naturales (lluvia, manantiales, ríos, mares o lagos), o bien a cualquier fuente de agua natural como el Río Jordán, ingresar todo el cuerpo en esa agua y luego salir ya en un estado de pureza. La inmersión no tenía motivos higiénicos (que para ese objetivo se utilizaban otro tipo de albercas) si no con el fin de realizar un acto de purificación ritual teniendo en cuenta que en el día a día, diferentes situaciones producen impureza como por ejemplo el contacto con sangre o con un muerto, relaciones sexuales y otros.
Gran parte de las Mikvaot encontradas en la Tierra de Israel, además, incluían escaleras donde bajaban impuros (probablemente por el lado derecho) y subían puros, siendo que entre el lado que se bajaba y el que se subía había una pared, baranda o apenas una franja divisoria que permitía a los que ingresaban o salían de la Mikve, saber de qué lado estaban los impuros y los puros y de esa forma, evitar tener contacto los unos con los otros.
En Qumrán se encontró la mayor concentración de baños rituales en la Tierra de Israel después de Jerusalén, teniendo en cuenta que en Jerusalén estaba el Templo Sagrado en donde era obligación entrar en estado de pureza, además que decenas de miles de judíos de todo el mundo peregrinaban a Jerusalén tres veces por año.
En Qumrán fueron encontradas 10 baños, siendo que la estimación de la población allí es de 120 hombres aproximadamente. De acuerdo a la Regla de la Comunidad, los hombres de Qumrán debían realizar esas inmersiones de purificación al menos dos veces al día, antes de comer y antes de estudiar y en ocasiones cuando tenían contacto con alguien fuera de la comunidad a quienes los qumranitas consideraban impuros. Flavio Josefo refuerza este aspecto diciendo que los esenios realizaban muchos baños rituales.
                              --Una Mikvé moderna en la Jerusalen de nuestros dias:


miércoles, 15 de julio de 2020

- Qumrán: comidas sagradas

                                  Qumrán: La comida ritual sagrada era compartida
El historiador judio contemporáneo de Qumrán, Flavio Josefo, escribe sobre las comidas rituales de los piadosos de Qumrán: "Luego se reúnen de nuevo en su mismo sitio, se envuelven el lomo con una faja de lino y se lavan todo el cuerpo con agua fría. Tras esta purificación se congregan en una sala particular donde no puede entrar ninguna persona profana; ni ellos mismos pueden penetrar en ese comedor sin estar puros, como si fuera un recinto sagrado. Se sientan sin hacer ruido y el panadero sirve a cada uno un pan y el cocinero un plato con una sola comida. El sacerdote pronuncia una oración antes de comer, y nadie puede probar bocado antes de que haya concluido la oración. Después de la comida el sacerdote repite el rezo. Todos dan gracias a Dios, dispensador del alimento que hace vivir, al principio y al final de la comida".
Sigue Flavio Josefo: "Luego se quitan las ropas de la comida como si fueran vestiduras sagradas, y vuelven a sus trabajos hasta la noche; regresan entonces a su local común y cenan de la misma manera,.."
En el monasterio de los esenios que se encuentra en la zona arqueológica de Qumrán había comidas sagradas y cúlticas con carácter comunitario, mesiánico y escatológico. Para los que vivian en Qumrán tenía mucha importancia las comidas rituales comunitarias y la celebración de las fiestas religiosas.
Según algunos estudiosos del tema hay muchas semejanzas entre las comidas de los esenios y la Cena de Jesús (la bendición del pan y el vino, las bendiciones, el carácter comunitario, el sentido mesiánico y escatológico…). En los textos de Qumrán se lee que el sacerdote de la comunidad de monjes bendecía el pan y el vino y era él quien oficiaba el rito en la comunidad.
Ultimamente se ha descubierto, en los textos de Qumrán, que los esenios del lugar daban a estas comidas un valor sustitutivo de los sacrificios del Templo de Jerusalén. Ellos rezaban de cara al oriente, de espaldas a Jerusalén (no de cara a Jerusalén como es preceptivo para los judíos piadosos) así expresaban su rechazo al culto del templo de Jerusalén, al que consideraban corrompido y sin valor religioso.
Los asistentes a estas comidas sagradas en Qumrán, para poder entrar al comedor comunitario antes debían purificarse en un baño ritual y vestir un vestido blanco parecido o con significado sacerdotal, así cada comida comunitaria era un acto del nuevo culto que los piadosos ofrecían como sacrificio a Yahweh. El vestido especial de la comida ritual debía ser cambiado por el atuendo normal de trabajo dentro de la comunidad de Qumrán una vez terminada la comida sagrada.

Hay también otras características que parecen relacionar las comidas rituales de Qumrán con las de los cristianos: podemos encontrar rasgos escatológicos y mesiánicos bien definidos en ambos casos: según la “Regla de la Congregación” (uno de los documentos de Qumrán) el Mesias tenía que bendecir el pan y el vino de la comida después de su venida, al igual que hizo Jesús, que es considerado el Mesias por los discípulos.

Otros autores cristianos señalan que hay que interpretar estas características rituales en las comidas de los piadosos de Qumrán y de los apóstoles de Jesús como “cosas generales en las comidas sagradas entre los judíos”, y que estas semejanzas son explicables por el ambiente religioso común en el mundo judío. 
Uno de los dieciseis baños rituales encontrados en Qumrán (el mikvé judio)
Un aspecto clave de la vida cotidiana de los esenios era la pureza ritual. La Regla de la comunidad describe así la relación entre la inmersión en el agua y la participación en la comida comunitaria: "Que no entre en las aguas para participar en el alimento puro de los hombres de santidad pues no se han purificado, a no ser que se conviertan de su maldad; pues es impuro entre los transgresores de su palabra". La arqueología confirma el papel esencial de la pureza: de los dieciséis estanques descubiertos en Qumrán, sólo seis habrían servido para almacenar agua, mientras que los diez restantes sirvieron, con toda probabilidad, para la práctica de baños rituales. 
Y señalan que hay una diferencia profunda entre la Cena de Jesús y las cenas sagradas de los monjes de Qumrán: la gran novedad es que la cena de Jesús supone la autodonación que el Mesías nos hace de su cuerpo y de su sangre como alimento salvador, en relación a su muerte. 
Otros grupos, tales como las fraternidades “havurah” tenían también costumbres parecidas, y también realizaban cenas rituales sagradas para sus miembros.
La mayoría de los autores no ven más qué semejanzas y no una influencia o dependencia entre Qumrán y la eucaristía cristiana.
Según estudios arqueológicos, tanto del lugar (salas, baños..) y de la documentación escrita encontrada in situ, se trataría de considerar a Qumrán como una comunidad dedicada específicamente a la observancia estricta de la Ley (la Torá).
Los miembros de la comunidad de Qumrán tenían que cumplir unas condiciones muy severas para su aceptación y una vez integrados en el grupo, mantener esa observancia de la Ley y de la Regla y renovar cada año los votos de ingreso.

También tenían importancia las comidas rituales comunitarias y la celebración de las fiestas religiosas. Mantenían una especial vigilancia en una austeridad muy rigurosa, pobreza, oración y celibato. Cabe destacar la voluntad de abandonar el mundo secular y adentrarse en el desierto para practicar la vida comunitaria y poner en práctica el seguimiento estricto de la Ley.  
El sitio cercano a la "Cueva de los Manuscritos del Mar Muerto" fue excavado durante los años 1952-1956. En esas excavaciones, se encontraron los restos de un asentamiento antiguo, donde vivía una secta misteriosa, desde el siglo II aC. hasta el año 68 dC, cuando el lugar fue conquistado por los romanos y destruido. 
La secta era una facción extrema de la secta Isiim. Los líderes de este asentamiento eran sacerdotes de la familia de los sadoquitas, descendientes del alto sacerdote Sadoc, quien sirvió durante los años del Rey David y el Rey Salomón.
Incluso algunos creen que San Juan Bautista pudo haber vivido ahí durante un corto periodo de tiempo de su ministerio, ¡predicando y bautizando!
Y lo más importante de los manuscritos de Qumrán es lo que está fuera de la Biblia, pues allí se encontraban textos de la Regla de la Comunidad y la Regla de la Guerra, una serie de normas que regían la vida de esa extrañísima comunidad llamada los esenios.
¿Quiénes eran estos esenios?
Según se desprende del texto referido a la Regla de la Comunidad, los esenios eran un grupo judío "fuertemente estructurado, con su propia jerarquía y sus funcionarios, cuyos miembros ponían en común todos sus bienes, participaban en comidas comunitarias, y se hallaban sometidos a una disciplina muy estricta, con penas y castigos para cualquier transgresión", comenta Florentino García Márquez. En suma, un grupo de judíos conviviendo hace más de dos mil años bajo mismas reglas que los kibutz del siglo XX.
¿Por qué se habían retirado al desierto, imitando al profeta Isaías? Según se desprende de otro texto encontrado en Qumrán, (la Regla de la Guerra), se llamaban a sí mismos Los Hijos de la Luz, se habían retirado para purificarse, y esperaban volver a Jerusalén "al final de los tiempos", después de haber vencido a Los Hijos de las Tinieblas.
¿Estaba Jesús entre los esenios?
En los manuscritos de los esenios se mencionaba la figura de un jefe carismático llamado el Maestro de Justicia, quien había recibido la revelación de los Textos Sagrados y, de forma escatológica, conduciría a esta comunidad a la victoria "al final de los tiempos". ¿Era Jesús el Maestro de Justicia? ¿Acaso no coincidían los 17 años que se pierden de la vida de Jesús con su estancia entre los esenios? El célebre periodista Edmund Wilson coqueteó con esta idea en su célebre libro sobre los manuscritos de Qumrán. Pero se dejó llevar por el periodismo más que por el rigor de un buen historiador.
La respuesta de los expertos a la pregunta de si Jesús estuvo con los piadosos del desierto, en el monasterio de Qumrán, es rotunda: Jesús no convivió con los esenios. Los textos de Qumrán no mencionan a Jesús porque son anteriores a él. La comunidad (para algunos, secta) de los esenios sí vivió en tiempos de Jesús, como confirma el historiador Flavio Josefo, coetáneo de Cristo. Pero sus textos se escribieron antes y no tienen ninguna relación con el Nuevo Testamento.
Los rollos del Mar Muerto
Cuando un pastor beduino penetró en 1947 una cueva en busca de una cabra perdida y descubrió antiguos rollos encerrados en vasijas, se desató una de las historias paleográficas más fascinantes de la historia. Esos rollos contenían extractos o pasajes enteros de los libros de la Biblia. Se les denominó los rollos del Mar Muerto. 
Los textos hallados en las cuevas de Qumrán, a orillas del Mar muerto por un pastor beduino, son fragmentos procedentes de unos 800 manuscritos que, en su origen, se presentaron en forma de rollos. Muchos de esos manuscritos son copias de copias, pues en la antigüedad, el papiro era desgraciadamente, la forma más popular de transmitir el saber. Y el papiro se deteriora fácilmente.
¿Qué contenían entonces? En parte son textos bíblicos, del Antiguo Testamento, y en parte son textos religiosos no bíblicos de diverso signo, como reglas morales y legales. Existen unos 200 manuscritos bíblicos entre los que se encuentran 32 copias del Libro de los Salmos, 28 copias del Deuteronomio, 21 copias del Libro de Isaías, citas ínfimas (los teffilim, o pequeñas tiras de cuero), con citas del Exodo y del Deuteronomio, tiras que se ponían en un estuche y que se llevaban en el brazo o sobre la cabeza.
Los manuscritos esenios permitieron completar algunos pasajes oscuros de las Sagradas Escrituras, pero no descubrieron nada realmente fascinante, a pesar de que se trató de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX.

Hasta entonces, sólo tres autores antiguos (todos ellos del siglo I d.C.) habían dejado información más o menos detallada sobre los esenios: el griego Filón de Alejandría, el judeorromano Flavio Josefo y el romano Plinio el Viejo. Los estudiosos compararon sus escritos con los hallazgos de Qumrán, y la mayoría de los investigadores concluyó que los hombres que vivieron en aquellas construcciones y en las cuevas adyacentes durante casi 150 años (entre comienzos del siglo I a.C. y mediados del siglo I d.C.) fueron los mismos que estudiaron, escribieron y colocaron en las cuevas los rollos antiguos –si no todos, por lo menos una buena parte–. Y estos hombres habrían pertenecido a la secta de los esenios. Los esenios, pues, no eran el fruto de la imaginación de los autores antiguos, sino seres humanos de carne y hueso.

Las fuentes clásicas mencionaban la existencia de esenios en centros urbanos, como se deduce de la afirmación de Josefo respecto a que los piadosos esenios "no integran una ciudad única; viven dispersos en gran número en todas las ciudades" (Guerra de los judíos II), y de la noticia de Filón sobre el hecho de que los esenios "viven en muchas ciudades de Judea y en muchas aldeas" (Hipotéticas II). Según la información presente en los rollos –especialmente en el llamado Documento de Damasco–, estas comunidades urbanas de esenios habrían tenido un carácter familiar y su organización no habría sido muy estricta. Según algunos, incluso hubo un barrio esenio en el área occidental de Jerusalén, cerca de la actual puerta de Sión.
Sin embargo, en su Historia Natural, el geógrafo Plinio el Viejo alude a un asentamiento esenio separado, próximo al mar Muerto: "Al oeste [del mar Muerto] los esenios se mantienen apartados de la orilla para evitar sus efectos perniciosos", es decir, las posibles exhalaciones de un agua sin vida. Los hallazgos de Qumrán se complementan perfectamente con los datos de Plinio, y todo lleva a concluir que en las orillas del mar Muerto, y probablemente en otras zonas aledañas del desierto de Judea, como el-Ghuweir y Hiam el-Shaga, vivieron comunidades de esenios.
LA COMUNIDAD DE LOS PUROS
Dado el carácter inhóspito y salvaje de la zona del mar Muerto, esas comunidades esenias debieron de ser diferentes de las de sus correligionarios urbanos: mucho más organizadas para afrontar las dificultades que presentaba la vida en este medio, desde el empleo del agua hasta la obtención de alimentos; de talante más ascético, que concordaba con la frugalidad obligada de una existencia en tales parajes, y con una gran actividad en común. Este último rasgo, fundamental en tales comunidades, estaría implicado en el mismo nombre de Yahad –en hebreo, "comunidad"– presente en los rollos, y especialmente en la Regla de la comunidad, texto fundamental del movimiento.
¿Por qué estos esenios decidieron asentarse en tan árida región? Todo parece indicar que consideraron el desierto como un símbolo de pureza. En el libro de Ezequiel, al final de los tiempos el desierto en las proximidades del mar Muerto se convertiría en un jardín paradisíaco, similar al Edén bíblico. Según el profeta, Dios le dijo: "Esta agua sale hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua quedará saneada. [...] Los peces serán muy abundantes, porque allí donde penetra esta agua lo sanea todo, y la vida prospera en todas partes adonde llega el torrente. [...] A orillas del torrente, a una y otra margen, crecerá toda clase de árboles frutales cuyo follaje no se marchitará y cuyos frutos no se agotarán" (Ezequiel 47, 6-12). 
De ser así, los esenios eligieron el desierto para apartarse radicalmente del mundo de la impureza, con el fin de permanecer tan puros como fuera posible. Como está escrito en un pasaje fundamental de la Regla de la comunidad: "Y cuando éstos existan como comunidad en Israel según estas disposiciones, se separarán de en medio de la residencia de los hombres de iniquidad para marchar al desierto y abrir allí el camino de Aquél [Dios]; como está escrito: 'En el desierto, preparad el camino de [Dios], enderezad en la estepa una calzada para nuestro Dios'".
LA VIDA DIARIA DE LOS ESENIOS
¿Dónde vivían los hombres de Qumrán? Los investigadores han sugerido que en los edificios sólo residía un puñado de funcionarios, guardias o ancianos (probablemente, en un segundo piso que no se ha conservado), mientras que el resto de miembros de la comunidad habría encontrado refugio en cuevas, tiendas y chozas próximas. Algunos investigadores consideran que la comunidad de Qumrán sólo habría tenido unas pocas decenas de miembros; otros aseguran que, como mucho, su número habría llegado a 120 o 150 personas.
Los manuscritos no ofrecen una imagen coherente y completa sobre el modo de vida de estas gentes, pero las fuentes clásicas son de gran ayuda a la hora de reconstruirlo, sobre todo Flavio Josefo, quien describe de este modo el día a día de los esenios: "Su piedad religiosa asume caracteres particulares. Nunca pronuncian una sola palabra profana antes de salir el sol; dirigen al sol oraciones tradicionales, como si le suplicaran que aparezca. Luego los encargados envían a cada uno a trabajar en su oficio, lo que hacen con gran empeño hasta la hora quinta. 
Luego se reúnen de nuevo en su mismo sitio, se envuelven el lomo con una faja de lino y se lavan todo el cuerpo con agua fría. Tras esta purificación se congregan en una sala particular donde no puede entrar ninguna persona profana; ni ellos mismos pueden penetrar en ese comedor sin estar puros, como si fuera un recinto sagrado. 
Se sientan sin hacer ruido y el panadero sirve a cada uno un pan y el cocinero un plato con una sola comida. El sacerdote pronuncia una oración antes de comer, y nadie puede probar bocado antes de que haya concluido la oración. Después de la comida el sacerdote repite el rezo. Todos dan gracias a Dios, dispensador del alimento que hace vivir, al principio y al final de la comida".
osefo: "Luego se quitan las ropas de la comida como si fueran vestiduras sagradas, y vuelven a sus trabajos hasta la noche; regresan entonces a su local común y cenan de la misma manera, esta vez con sus huéspedes, si han encontrado alguno en el camino. Ni gritos ni tumultos perturban la casa; cada cual habla por turno. A los que pasan delante de ella, el silencio que reina en el interior les parece como si en ella se estuviera celebrando algún temible misterio, pero ello se debe simplemente a la invariable sobriedad de los esenios, a su costumbre de medir los alimentos y la bebida en la cantidad suficiente para saciarse, sin excederse" (Guerra judía II).
Un aspecto clave de la vida cotidiana de los esenios era la pureza ritual. La Regla de la comunidad describe así la relación entre la inmersión en el agua y la participación en la comida comunitaria: "Que no entre en las aguas para participar en el alimento puro de los hombres de santidad pues no se han purificado, a no ser que se conviertan de su maldad; pues es impuro entre los transgresores de su palabra". La arqueología confirma el papel esencial de la pureza: de los dieciséis estanques descubiertos en Qumrán, sólo seis habrían servido para almacenar agua, mientras que los diez restantes sirvieron, con toda probabilidad, para la práctica de baños rituales. La concentración de baños rituales de Qumrán sólo es superada por la de Jerusalén, donde estaba el Templo, lo que pone de manifiesto que para los Qumránitas la pureza ritual era un baluarte de su vida religiosa.
EL FIN DE LA INJUSTICIA
La comunidad de Qumrán fue más estricta en cuestiones de higiene personal y purificación que sus contemporáneos, y en su esfuerzo por garantizar la pureza de la comunidad y elevar el nivel de santidad de sus miembros extendió las restricciones sobre pureza e impureza a muchas más esferas que las requeridas por la ley normativa judía. Su escrupulosidad se habría debido al hecho de que ellos se habrían visto a sí mismos como un "templo espiritual", semejante a un campamento santo en el que vivían en compañía de los ángeles. Como está escrito en el Rollo de la guerra: "Y todo hombre que no se haya purificado de “fuente” el día de la batalla, no descenderá con ellos, pues los ángeles santos están juntos con sus ejércitos".
Esta obsesión por la pureza ritual pudo ser una de las razones, quizá la fundamental, por la cual las comunidades esenias más estrictas, del tipo Yahad, como la de Qumrán, habrían sido de características ascéticas y celibatarias, distinguiéndose de las comunidades urbanas de tipo familiar diseminadas por todo el país.
A esta doble estructura social del movimiento esenio se habría referido Josefo al decir que, por un lado, había un grupo de piadosos esenios que "desdeñan el matrimonio para ellos […] No condenan en principio el matrimonio y la procreación, pero temen el libertinaje de las mujeres y están convencidos de que ninguna es fiel a un solo hombre". Y, por otro lado, "hay otra clase de esenios, que concuerdan con los anteriores en el régimen, las costumbres y las leyes, pero difieren en lo concerniente al matrimonio. Creen que renunciar al matrimonio es realmente excluir la parte más importante de la vida, o sea, la propagación de la especie" (Guerra, II).
Es probable que nunca podamos conocer a ciencia cierta la verdadera naturaleza de estos esenios, profundamente convencidos de que, como manifiesta la Regla de la comunidad, "Dios, en los misterios de su conocimiento y en la sabiduría de su gloria, ha fijado un fin a la existencia de la injusticia, y en el tiempo de su visita la destruirá para siempre".